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Editorial


LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE, DEBEN ORGANIZARSE PARA ESTAR A LA VANGUARDIA EN LA LUCHA EN CONTRA DEL CAMBIO CLIMÁTICO



Alemania prepara para antes del fin del mes de enero el desalojo del pueblo de Lutzerath para extraer el carbón que se encuentra en su subsuelo. Los activistas climáticos están cavando trincheras y levantando barricadas ante la anunciada acción de las autoridades para el desalojo.

Este hecho es muy grave y probablemente presagia el inicio de un brutal crecimiento en la quema de combustibles altamente contaminantes que como el carbón, aumenta considerablemente la emisión de gases con efecto invernadero, que ocasionan el aumento de la temperatura del planeta y provoca las letales consecuencias del cambio climático.

La lucha en contra del cambio climático y por defender la vida en la Tierra, pasa por impedir que haya Estados que actúen irresponsablemente en materia ambiental. Es por ello que sostenemos que es política la solución para que la humanidad afronte exitosamente el terrible desafío del cambio climático. Ello solo será posible con la acción mancomunada de todas las naciones del mundo, dirigida y coordinada por un organismo global.

Lamentablemente, las Naciones Unidas con su estructura actual, es incapaz de asumir ese rol.

Se hace imperativo modificarla, antes que sea demasiado tarde.

En esa tarea los países latinoamericanos y caribeños debemos asumir un papel de vanguardia.

Pero la actual dinámica política de la región lo hace imposible, gracias a las gravísimas convulsiones y confrontaciones política que enfrenta desde hace varias décadas, consecuencia de la incapacidad del actual modelo económico, basado en la exportación de productos agrícolas y minerales, reforzado con el espejismo del turismo internacional, para satisfacer las necesidades de una población que ha aumentado aceleradamente , pasando en la región de cerca de 150 millones de habitantes en la década de los cincuenta del siglo pasado a los actuales de 650 millones.

Ningún país por sí solo, puede afrontar exitosamente el reto de generar las riquezas necesarias para llevar la prosperidad a la población.

Mientras no se resuelva esa problemática, y se trabaje en forma mancomunada, seguiremos experimentando graves crisis de inestabilidad, que harán imposible la unidad de nuestros pueblos.

Un elemento que conspira para lograrlo, es el empecinamiento de algunos dirigentes de tratar de lograrla a través de entelequias como la OEA, por la presencia en su seno de la principal potencia depredadora del medio ambiente, o la CELAC, con la quimérica idea de la unanimidad para emprender acciones, imposible de llevar a la práctica.

Hay que buscar caminos alternos.

La reciente cumbre de los países de Norteamérica (México, Estados Unidos y Canadá) puede servir de ejemplo interesante en ese sentido.

En efecto, esos países llegaron a acuerdos en una reunión de presidentes que duró pocos días, en temas tan importantes como la migración, el narcotráfico, energía, etc. Por cierto, sin tomar en cuenta para nada ni al resto de los países latinoamericanos y caribeños, ni a la OEA ni a la CELAC, a pesar que los problemas tratados afectan directamente al resto de los países del continente.

Esa experiencia debería tomarse en cuenta y aprovechar la actual presencia de gobiernos progresistas en México, Brasil, Colombia, Argentina, y Bolivia, amén de algún otro que se quiera sumar (que en conjunto suman cerca de 440 millones de habitantes, un 70% de la región) para, en forma expedita, comenzar a construir una estructura regional funcional, con objetivos muy precisos, en lo económico, en lo social y en lo medio ambiental.

Y cuando se habla de gobiernos progresistas, estamos hablando, fundamentalmente, del sentimiento progresista de los pueblos que los eligieron, que poseen, además, un altísimo grado de conciencia de lo que significa la defensa de nuestra Pacha Mama, Garantía del éxito de una acción de ese tipo.