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Editorial


MAS QUE POLÍTICOS QUE LA DIRIJAN, NUESTRA REGIÓN NECESITA ESTADISTAS



Una condición sine qua non para que los pueblos latinoamericanos y caribeños alcancen el nivel de vida que se merecen, es que sus países disfruten de una estabilidad política que permita el desarrollo de sus economías.

Lamentablemente, este no es el caso. Nuestras sociedades se ven sacudidas en forma intermitente por convulsiones sociales como: Golpes de Estado, insurrecciones, dictaduras, guerras civiles, etc.

Detrás de esos episodios han estado gravitando constantemente, los intereses económicos y políticos de potencias extrañas a nuestro subcontinente.

La OEA que, de acuerdo a sus principios, debió haber sido el organismo idóneo para evitar esto y normar las relaciones entre las naciones, ha tenido una conducta contraria a ello, precipitando nuestra región en la anarquía política que hoy vive.

Bástese ver lo que establece la Carta estatutaria de dicha Organización:

Artículo 3. e) "Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de otro Estado."

Artículo 19: Ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro. El principio anterior excluye no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen.

Artículo 20: Ningún Estado podrá aplicar o estimular medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana de otro Estado y obtener de éste ventajas de cualquier naturaleza.

Todo lo anterior ha sido letra muerta para el gobierno de Estados Unidos y sus aliados. Por ejemplo con Venezuela, que desde hace más de un lustro ha sido víctima de innumerables agresiones de toda índole, incluyendo "medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana", ejecutadas en forma impune y descarada, no se han establecido sanciones o condena alguna para los países agresores, que como mínimo, debieron haber sido excluidos de la organización por contrariar sus principios.

Igual hipocresía se aprecia en al tratar los Golpes de Estado, ya sea militares, jurídicos o legislativos, aplicando únicamente la sanción de la suspensión del país en donde se comete hasta tanto "SE NORMALICE LA DEMOCRACIA" con elecciones "convenientes", desembarazándose así de gobiernos "incómodos" para la OTAN, que luego son sustituidos por gobiernos "amistosos", tal como sucedió en Honduras, Paraguay, Brasil, etc.

Esta situación sigue siendo posible porque algunos líderes todavía profesan las teorías políticas que se impusieron a partir de 1945, que sostenían que, dado el inmenso poder de Norteamérica y el temor a sus represalias, para acceder y mantenerse en el poder había que marchar al ritmo que impusiera, conducta que ha frenado cualquier intento de desarrollo soberano y que su continuidad actual, no tiene nada que ver con el presente, y que nos hace recordar la temblorosa conducta del león de la película "El Mago de Oz".

En efecto, si para el año de 1945 Estados Unidos era ya la primera potencia mundial en todos los órdenes, con más de 150 millones de habitantes, la mayoría urbanos y alfabetos, y el resto de América contaba con una cantidad similar de habitantes, la inmensa mayoría analfabeta rural, hoy esa situación cambió. Contamos con más de 650 millones de habitantes (más del doble de la norteamericana), la inmensa mayoría urbana y alfabeta, por decir lo menos, y con un territorio de más de veinte millones de Km2, imposible de ser ocupado por ninguna potencia mundial o grupo de ellas.

En otras palabras, ya no es válida esa excusa basada en el terror esgrimida en el pasado para justificar la falta de acciones en pro de un auténtico desarrollo para nuestros pueblos.

Ello no implica asumir una actitud beligerante en contra de las potencias de la OTAN, que no conduciría a nada sino, simplemente, tomar en conjunto las acciones soberanas, políticas y económicas, que permitan alcanzar el bienestar que nuestros pueblos reclaman.