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Editorial


LOS DESAFIOS DE LA INTEGRACION LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA (7)

SÍNTESIS REFLEXIVA;

LA INTEGRACIÓN, PROTECCIÓN DE NUESTRO FUTURO

La pandemia del COVID 19, las profundas alteraciones que experimenta el medio ambiente por causa de la acción de los seres humanos y las guerras de Ucrania y la próxima que se avecina en China, han hecho patente un cambio de paradigma en las relaciones entre los seres humanos.

En efecto, el Orden Mundial establecido a finales de la Segunda Guerra implosionó. Es evidente que el planeta no soportará por mucho más tiempo esta vorágine industrial, ni se podrá sostener la actual estructura basada en polos de poder. Ello acarreará, necesariamente, la creación de un Nuevo Orden Mundial, ante lo cual, los países latinoamericanos y caribeños estamos obligados a tomar acciones que defiendan nuestros intereses.

La Integración de nuestros pueblos surge así, como la única vía para lograr ese objetivo. Pero ese camino no resulta fácil de transitar.

Ciertamente, la posibilidad de que el proceso de integración se cristalice e impulse el desarrollo de la región, causa terror en el conjunto de los países de la OTAN, dado el papel vital que cumplen en la actualidad nuestros países, tanto como proveedores de valiosas materias primas, como demandantes de los bienes que producen, lo cual toma mayor importancia ante las nuevas realidades impuestas por la guerra de Ucrania y la interrupción en la cadena de suministros de materias primas.

Hay que tener presente que desde principios del siglo XX, cualquier país que intentase alcanzar su desarrollo y prosperidad, era frenado, bien mediante el derrocamiento, e incluso asesinato de presidentes progresistas, como se vio en Guatemala, con Jacobo Arbenz, en Panamá con Omar Torrijos, en Brasil con Joao Goulart y Dilma Rousseff, de Juan Bosch en República Dominicana, de Rómulo Gallegos y Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, de Jean-Bertrand Aristide en Haití, de Maurice Bishop en Jamaica, de Juan Domingo Perón en Argentina, de Salvador Allende en Chile, de Juan José Torres en Perú, de Fernando Lugo en Paraguay, de Manuel Zelaya en Honduras, y tantos otros ejemplos.

A los que habría que agregar la larga lista de asesinatos y persecuciones en contra de líderes progresistas, como Juan Carlos Galán, Jorge Eliécer Gaitán, César Augusto Sandino, Lula Da Silva, Rafael Correa, etc., etc. Por lo que es previsible que, ante las nuevas realidades que se presentan con los recursos minerales, se intente repetir hechos como estos. Muestra de ello han sido los recientes atentados en contra de la seguridad del Presidente de Colombia, Gustavo Petro y de la vice-presidente de Argentina, Cristina de Kirchner.

Pero esas acciones no se han limitado al escenario de la violencia. Un ejemplo de ello fue el intento de crear estancos regionales, (Mercosur, Comunidad Andina, etc.), con el fin de impedir una unidad de acción latinoamericana y caribeña en lo económico, cuyo último intento lo vimos recientemente con la reunión de Mercosur y la UE, en la cual Uruguay trató que se lograran acuerdos directamente entre dichos bloques, a espaldas de los pueblos de Latinoamérica y El Caribe.

En este punto creemos que los países que realmente quieren la integración regional, deben abstenerse de establecer convenios comerciales individuales, a la espera de conseguir una acción unida.

Ahora bien, todas esas conductas han sido posibles por el hecho de ser ejecutadas en situaciones aisladas, que no formaban parte de una estructura política regional sólida.

Los intentos más serios de lograrla ocurrieron a principios de este siglo, con la conformación de la CELAC y de UNASUR, las cuales han fracasado en la conformación de un organismo integracionista, consecuencia de haber pretendido construirlo, incorporando de entrada a todos los países de la región bajo el principio de la unanimidad en sus decisiones, facilitando la labor de aquellos sectores opuestos a la unidad de nuestras naciones, quedándose al final solo en meras palabras, como ha ocurrido con el ferviente llamamiento que hizo el Presidente de México en la última reunión de Jefes de Estado de la CELAC. Realmente no se ha concretado absolutamente nada.

Ahora, con la presencia en el poder de presidentes progresistas, cuyos países poseen una población en conjunto de más de 300 millones de habitantes, de nuevo se presentan condiciones políticas favorables en la región para lograr tan necesaria integración, que será exitosa en la medida que no se repitan los errores del pasado.

En nuestra opinión, dicho proceso de integración debe configurarse en dos niveles:

EL NIVEL POLITICO

Con una unión orgánica de países con metas muy claras y precisas, limitadas al ámbito internacional, sin injerencias ni imposiciones doctrinales entre ellos, respetando el principio de la autodeterminación de los pueblos. Por supuesto, con un baremo mínimo de funcionamiento democrático, como la elección universal y secreta de sus gobernantes, por poner un ejemplo.

Esta unión de naciones debe impulsar la formación de un mundo unipolar, en el cual el poder sea ejercido y compartido por todos los pueblos, en una verdadera Organización de Naciones Unidas, democrática, eficaz e inclusiva, única forma de articular acciones efectivas para lograr la erradicación de las guerras, el combate efectivo en contra de las pandemias y detener el cambio climático.

Como vía para superar tal estado de cosas, se ha planteado que el mundo que surja sea multipolar.

Entendemos esa multipolaridad como la existencia de distintos "polos" de poder, en los cuales una o varias potencias agrupadas, ejercen el dominio o control sobre otro grupo de naciones. El punto es que, dado el inmenso poder destructivo del armamento nuclear, dichos polos no pueden imponerse militarmente unos a otros, como ha sucedido históricamente, pasan a ser las naciones periféricas de esos polos, los escenarios de los inevitables conflictos, cruentos o no, que se presentarán entre los polos de poder.

La existencia de un mundo multipolar con esas características sería nefasta para nuestros pueblos, ya que ese concepto conlleva el peligro de que, en aquellas naciones cobijadas por el paraguas de algún polo de poder, se retroceda en el desarrollo de la democracia con la posible instauración de regímenes dictatoriales y corruptos, tal como sucedió durante la llamada "Guerra Fría".

Entendemos que para lograr la unidad latinoamericana y caribeña, es necesario constituir un organismo Ad Hoc, constituido en un principio por aquellas naciones que comulgan con esa idea, no importa su número, al cual, sin lugar a dudas, se irían sumando otros países en vista de los éxitos que se alcancen. Que cuente con sedes propias que alberguen, no solo las reuniones de Jefes de Estado o Cancilleres, sino la estructura funcional necesaria para cumplir sus objetivos.

EL NIVEL SOCIAL

El cual constituye la integración propiamente dicha, la cual debe abarcar las áreas culturales, científicas, económicas y sociales. Solo así se sostendrá y acrecentará en el tiempo el proceso de integración.

Es por ello que la lucha por la integración no puede recaer únicamente sobre los partidos políticos que hoy la apoyan. Es imprescindible conseguir el respaldo mayoritario de la sociedad, incluyendo todos, o la mayoría de los partidos, instituciones y agrupaciones culturales, científicas, de investigación, populares, obreras, campesinas, empresariales etc.

Entre las áreas a desarrollar, el tema de la economía es quizás, en estos momentos, el más acuciante. Los retos en este aspecto son numerosos y de magnitudes importantes, entre los cuales podemos mencionar:

o Detener la enorme fuga de capitales en la región, que ya alcanza miles de millardos de dólares, que de haberse invertido los mismos en la producción de bienes y servicios locales, nuestros pueblos hubiesen alcanzado una envidiable calidad de vida.

o Resolver el tema del financiamiento externo, cuyo mal manejo dejó enormes deudas que terminaron por constituirse en un pesado fardo sobre los pueblos y acarrearon la merma de la soberanía.

o Revertir el control por parte de empresas extranjeras de parte sustancial de nuestra economía, sobre todo en el aspecto industrial.

Se hace imperativo abordar estos retos en forma coordinada. Medidas eficaces hay muchas, pero hay que empezar a articularlas, tales como:

o Impulsar la creación y fortalecimiento de empresas de capital local y de recapitalización local de las ganancias

o Permitir la inversión extranjera, solo en áreas de la economía donde no se cuente con la tecnología o el capital necesario

o Establecer criterios muy claros para el financiamiento externo y crear el Banco del Sur

o Profundizar la interdependencia regional

o Alcanzar el pleno desarrollo industrial de la región, con el aprovechamiento de nuestros recursos naturales.

o Elaborar un plan de acción para evitar la fuga de cerebros.

o Impulsar el desarrollo científico y tecnológico, tanto público como privado, con la fijación de metas mancomunadas.

Asimismo, la reciente y trágica experiencia del COVID 19 con las vacunas y otros insumos vitales, así como el marginamiento de nuestras naciones de los avances científicos, impone la necesidad de alcanzar un desarrollo regional en esa área, imposible de conseguir sin una acción mancomunada.

Otro aspecto importante es el de la comunicación interregional.

En Venezuela, por ejemplo, las cableras presentan en sus parrillas de programación, acceso a canales de noticias de Francia, España, Italia, Estados Unidos, Alemania, China, Rusia, etc. en tanto son escasos los de nuestra región, si acaso alguno de Argentina o México. Al punto que las noticias que recibimos de nuestros países hermanos, lo hacemos a través del filtro de las agencias de noticias transnacionales que, por supuesto, son muchas veces manipuladas.

Aunado a lo anterior, vemos como muchos medios de comunicación privados locales dependen de los ingresos publicitarios provenientes de las grandes transnacionales, opuestas a un proceso de integración, viéndose enfrentados a conflictos de intereses en su dinámica diaria.

En el aspecto social, hay un punto al cual se debe prestar la máxima atención: el alimentar nuestra autoestima, nuestro respeto por nosotros mismos como región.

Ya se ha hecho una constante el despreciar la soberanía de nuestros países, no solo con golpes de Estado ni con la injerencia descarada en nuestros asuntos internos, sino en infinidad de campos; bien secuestrando las reservas de oro de Venezuela en el Reino Unido; bien provocando situaciones delicadas, como en el caso de la energía en México; bien imponiendo "sanciones económicas" como parte de una estrategia bélica; bien desconociendo los compromisos del TIAR en el caso de las Malvinas; bien instalando bases militares a lo largo y ancho de nuestra región con el disfraz de la asesoría; bien ocupando aeronaves venezolanas a "requerimientos" del FBI; bien extraditando nacionales a Estados Unidos; o la reciente "visita" de la Jefe del Comando Sur a Colombia, que pareció más un pase de revista; entre muchísimos ejemplos de cómo se pretende someternos psicológicamente.

Ante estos hechos no se trata de salir a quemar banderas extranjeras, ni proferir altisonantes insultos. Se trata, sencillamente, de conseguir a través de los hechos, en forma serena, pero firme, el respeto que nuestros pueblos se merecen, lo cual solo se alcanzará con nuestra unidad continental.


Hay que aprovechar este momento extremadamente favorable que vive la región, para comenzar a construir la unión latinoamericana y caribeña. Nuestros líderes deben asumir de inmediato esta gran responsabilidad que la historia ha colocado en sus manos.

No hay tiempo que perder.